Varias especies desconocidas del celacanto llevaban años esperando a ser descubiertas en colecciones de museo

Un pez que parece sacado de una fábula marina, dientes de depredador, cuerpo acorazado y el misterio de haber engañado a los científicos durante generaciones. ¿Te imaginas descubrir que fósiles almacenados durante más de un siglo, expuestos muchas veces a simple vista, no eran de reptiles marinos sino de un pez «fósil viviente»? Así de extraordinario es el caso de los celacantos del Triásico que acaban de salir del anonimato en Inglaterra.

Un ‘fósil viviente’ que se escondía a plena vista

Es casi el argumento de una novela detectivesca prehistórica. Durante décadas, los huesos guardados en distintos museos británicos ocultaban su verdadera identidad. Resulta que, lo que muchos paleontólogos pensaban que eran restos del pequeño reptil marino Pachystropheus, en realidad pertenecían a uno de los linajes más enigmáticos del planeta: el celacanto. Ese animal casi mítico, cuya reaparición en 1938 maravilló al mundo científico, lleva ahora la sorpresa un paso más allá, gracias a una exhaustiva revisión encabezada por Jacob Queen desde la Universidad de Bristol.

Fósiles de hace 200 millones de años, descubiertos en el trastero

Imagínate retroceder al Triásico, hace unos 200 millones de años, cuando lo que hoy es Bristol y Mendip Hills era un cúmulo de islas tropicales rodeadas de mares cálidos. Ahí nadaban estos celacantos, que llegaban a medir un metro de longitud, acechando a sus presas en las aguas someras. Pero, hasta ahora, apenas se conocían cuatro registros fósiles en la región. Tras seguir el rastro fósil, examinar vitrinas y almacenes, y realizar radiografías, Queen y su equipo elevaron esa cifra a más de cincuenta especímenes claramente identificados.

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Puede parecer raro, pero así es la ciencia: a veces la respuesta está delante de tus narices.

Confusiones, sospechas y rayos X

La clave estuvo en reconocer que los huesos de los celacantos, esos peces con ‘patas’ lobuladas —parientes cercanos de los actuales ejemplares del Índico—, suelen ser tan robustos y particulares que se confunden fácilmente con reptiles o incluso mamíferos primitivos. Durante su trabajo de máster en Paleobiología, Queen vio patrones demasiado familiares y decidió profundizar. Llevó las piezas a radiografías y en ellas descubrió lo impensable: eran, sí, peces, pero no cualquier pez. Eran Mawsoniidae, un grupo extinto que, paradójicamente, comparte una intrigante cercanía evolutiva con los celacantos actuales.

Mawsoniidos: gigantes con dientes y hambre de todo

El análisis del especialista uruguayo Pablo Toriño y equipo añadió todavía más capas al misterio: en las colecciones estudiadas había individuos de todas las edades y tamaños, señal de una comunidad celacanto vibrante, llena de vida —y de bocas depredadoras— en aquel antiguo archipiélago. ¿Qué comían? De todo. Incluso es probable que se alimentaran de aquellos mismos Pachystropheus con los que la ciencia lleva décadas confundiéndolos. Un giro irónico que deja un sabor prehistórico bastante divertido.

Bajo los mares tropicales del pasado británico

Las tierras que hoy pisamos bajo la lluviosa Inglaterra fueron, en su día, el paraíso de los celacantos. Estos titanes lentos y resistentes patrullaban el fondo marino, escondidos, acechando en cada esquina. Su presencia ahí, validada ahora por decenas de fósiles antes anónimos o mal clasificados, nos obliga a repensar el mapa marino de la época y la increíble diversidad que ocultaba.

Quizás, la mayor lección esté en la humildad: hasta en los museos, entre vitrinas polvorientas, aún quedan grandes historias por descubrir. El pasado nunca se agota, solo espera una mirada nueva.

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Fuentes científicas y humanidad, claves para redescubrir el pasado

Esta historia es un ejemplo maravilloso de cómo la ciencia avanza reexaminando sus propios pasos y confiando en las miradas frescas. Una muestra de pasión paleontológica y trabajo en equipo que, quién sabe, quizá esté devolviendo la voz a antiguos monstruos marinos cuyas historias, por fin, podemos volver a contar. El celacanto del Triásico británico, oculto durante 150 años, vuelve a nadar en el imaginario colectivo.

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