Finalmente revelado el patógeno responsable de la primera pandemia hace 1500 años

¿Qué nos puede enseñar un colmillo milenario enterrado bajo la arena sobre los grandes misterios de la humanidad? Mucho más de lo que podrías imaginar. Un equipo internacional acaba de realizar un hallazgo que reescribe la historia de las pandemias y arroja luz sobre uno de los episodios más oscuros y decisivos: la Peste de Justiniano.

Una clave genética enterrada durante siglos

Durante casi 1.500 años, la Peste de Justiniano fue un drama sostenido por relatos y crónicas, pero siempre faltó la prueba irrefutable: ¿qué causó realmente esa pandemia que devastó el Mediterráneo? Ahora, arqueólogos, microbiólogos y genetistas de la Universidad del Sur de Florida, junto a expertos de la Universidad Atlántica de Florida y colaboradores en la India y Australia, han dado con ese “eslabón perdido”. Por primera vez, se ha recuperado ADN directo de la bacteria Yersinia pestis —la misma que siglos después sembró el terror durante la Peste Negra— en restos humanos de Jerash, una ciudad de la actual Jordania que fue vital en el entramado comercial del Imperio Romano de Oriente.

Esta fosa común, situada bajo lo que antaño fue el hipódromo romano de Jerash, ha ofrecido la primera ventana genética a aquella pandemia que se expandió desde Egipto hasta el corazón de Bizancio, dejando tras de sí millones de muertos y el colapso de sociedades enteras.

Finalmente revelado el patógeno responsable de la primera pandemia hace 1500 años

El puzle que cambia la historia: la pieza que faltaba

El descubrimiento ha sido descrito por el Dr. Rays H. Y. Jiang, líder del equipo, como “la prueba definitiva” que cierra siglos de especulación. Crónicas antiguas hablaban de una enfermedad voraz, pero hasta la fecha la ciencia dependía de evidencias encontradas muy lejos del epicentro. Con modernas técnicas de secuenciación de ADN, los investigadores lograron analizar material genético extraído de ocho dientes humanos enterrados entre el siglo VI y el VII bajo la arena de Jerash. Lo que hallaron no deja margen para dudas: todas las víctimas portaban una versión casi idéntica de la bacteria de la peste.

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Esta uniformidad genética apunta a un brote intensamente letal y de rápida diseminación, justo como sugieren los antiguos relatos. Basta imaginar el temor y el desconcierto de la población cuando una arena, construida para los juegos y el espectáculo, acabó transformada en improvisado cementerio. La ciudad, símbolo de opulencia y vida pública, se rindió ante la muerte y el caos.

Más que un episodio del pasado: comprender la peste, comprender nuestro presente

El estudio no solo mira al pasado. Las investigaciones —publicadas en revistas como Genes y Pathogens— analizan el linaje evolutivo de Yersinia pestis en un contexto global y comparado con episodios recientes. Descubrieron que la bacteria ya circulaba mucho antes del brote de Justiniano y que las grandes pandemias posteriores, como la Peste Negra del siglo XIV o los pocos pero inquietantes casos actuales, surgieron de brotes independientes originados desde reservorios animales, no de esa primera cepa milenaria.

Todavía hoy, la peste no ha desaparecido: en julio, una persona falleció en Arizona por peste neumónica —la forma más mortal de la enfermedad—, y otra resultó infectada recientemente en California. La peste sigue acechando, aunque ahora bajo control gracias a los avances médicos. Sin embargo, esta supervivencia de la bacteria sirve de recordatorio: la convivencia humana, la expansión y el contacto con la fauna siguen siendo el gran combustible de las pandemias.

Reescribiendo el manual de las pandemias

A diferencia de epidemias como la reciente COVID-19 —emergente de un único evento y expandida, especialmente, de persona a persona—, la peste demuestra un patrón recurrente, cíclico y, a menudo, multi-originado. Las pandemias, apunta el equipo, no son simplemente anécdotas o dramas históricos acotados en el tiempo. Son fenómenos biológicos inevitables, impulsados por la densidad poblacional, los movimientos humanos y la siempre presente proximidad con la vida animal salvaje.

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Un espejo para nuestro mundo: lecciones y advertencias

  • La Peste de Justiniano no solo barrió poblaciones: alteró el curso del Imperio Bizantino, reescribió la economía y la política de su tiempo, modeló nuestra historia.
  • Con cada descubrimiento de ADN antiguo, entendemos mejor cómo las enfermedades han dado forma —y lo seguirán haciendo— a la humanidad, desde las urbes hasta las aldeas más remotas.
  • El rastreo genético de microbios nos obliga a replantear el relato de las pandemias: ni son rarezas, ni están “superadas”. Siguen entre nosotros.

Al mirar a los huesos de Jerash, miramos también nuestro propio futuro. Las pandemias forman parte de nuestro legado, inseparables del modo en que habitamos el planeta y nos relacionamos con su biodiversidad. El reto, hoy, está en escuchar esas advertencias del pasado sin repetir los mismos errores.

Fuente: Universidad del Sur de Florida, Universidad Atlántica de Florida, expertos en microbiología y paleogenética.

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