¿Por qué los gatos odian las puertas cerradas? Por un miedo que también sienten los humanos: FOMO
Los gatos odian estar delante de una puerta cerrada. La explicación de este comportamiento no sólo tiene que ver con el control territorial, sino también con el FOMO.

¿Por qué los gatos odian las puertas cerradas?
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¿Tiene gato? Si es así, seguro que sabe que hay pocas cosas que los felinos odien más que las puertas cerradas, que les impiden entrar o salir de una habitación y contra las que incluso arremeten violentamente, «atacándolas» y maullando con fuerza. Pero, ¿a qué se debe este comportamiento aparentemente inexplicable? Live Science interrogó a algunos expertos en comportamiento felino para encontrar una respuesta, que puede resumirse con un acrónimo con el que cualquiera que frecuente Internet debería estar familiarizado: FOMO.
El FOMO de los gatos. FOMO es el acrónimo de «fear of missing out», es decir, el miedo a perderse algo a lo que no se tiene acceso. Se utiliza a menudo para explicar el comportamiento humano: es la razón por la que (por poner un ejemplo un tanto tonto) tanta gente ve el Festival de Sanremo aunque no le interese la música: el razonamiento es «si me pierdo Sanremo, me quedo sin conversaciones entre amigos».
La relación entre los gatos y las puertas se basa en un supuesto similar. La especialista en comportamiento felino Jane Ehrlich explica que los gatos odian tres cosas que empiezan por C en inglés: no tener elección (choice), no tener el control (control) y cambiar (change). Una puerta cerrada desencadena las tres C: el animal no sabe lo que ocurre al otro lado de la barrera, una barrera que puede no haber existido unos minutos antes (porque la puerta estaba abierta).
¡No es culpa de las puertas! En resumen, los gatos no están locos por las puertas: la conductista Ingrid Johnson explica más bien que «los gatos quieren controlar el acceso a todo su territorio. Son una especie que es a la vez presa y depredador, que necesita moverse libremente para cazar pero también quiere sentirse seguro en su territorio».
Cerrar una puerta, bloqueando así el acceso a una parte del territorio, es insoportable para un felino. Por eso, el consejo es permitir a los gatos la libertad de movimiento en la casa y, si esto no es posible, al menos ser coherentes en las prohibiciones: si se quiere impedir el acceso a una parte de la casa, la puerta debe estar siempre cerrada, no sólo en determinadas situaciones. De este modo, el gato entiende que su territorio no incluye la habitación cerrada, y aprende a lidiar con la presencia de una puerta con más serenidad.





