Los osos polares pueden controlarse analizando su ADN en los rastros dejados en el medio ambiente

Los osos polares pueden controlarse analizando su ADN en los rastros dejados en el medio ambiente

Una nueva técnica permite vigilar a los osos polares analizando el ADN ambiental contenido en las huellas que un animal deja en el entorno

Oso polar

Los osos polares son unos de los animales más «famosos» del mundo, considerados desde hace décadas uno de los símbolos del Polo Norte, pero también de la lucha contra el cambio climático: ¿cuántas veces has visto una foto de uno de estos mamíferos flotando en el océano sentado en un triste trozo de hielo? Su conservación es un verdadero reto, porque son animales tímidos, difíciles de localizar y seguir en la nieve; y capturarlos y «marcarlos» puede crearles problemas de estrés.

Ahora desde Programa Global Ártico dirigido por el WWF aporta una solución a este último dilema: una técnica de análisis de ADN que permite seguir los movimientos de los individuos sin necesidad de interactuar directamente con ellos, para evitar interacciones inoportunas. La técnica, probada también con otros mamíferos amenazados, se explica en un estudio publicado en Frontiers in Conservation Science.

Caca no… Capturar y marcar osos polares es una empresa complicada (empezando por el hecho de que no es fácil encontrarlos en medio de tanto blanco); además, las poblaciones inuit del Círculo Polar Ártico son contrarias a los métodos de investigación más invasivos, que alteran el equilibrio de los osos y de todo el ecosistema.

Por eso, el equipo de WWF ha encontrado una solución alternativa que se inspira en ciertas técnicas forenses: se trata de la detección del llamado ADN ambiental, es decir, el contenido en los diversos rastros que un animal va dejando a su paso por la vida.

Recomendado:  Las serpientes de cascabel modulan su sonido para engañarnos

La primera idea del equipo fue utilizar las heces para localizar e identificar a los individuos, una hipótesis que pronto se descartó tanto porque el ADN que se encuentra en las heces suele estar demasiado degradado para ser «leído» como porque tocar sus cacas molesta a los propios osos polares, que además las utilizan para comunicar su presencia a otros ejemplares. Por eso se pensó en probar con otra fuente: las células de la piel que estos mamíferos desprenden de sus patas y depositan en las huellas que dejan en la nieve.

… huellas sí. La técnica se ha probado no sólo en osos polares, sino también en algunos ejemplares de lince europeo y en uno (que vive en cautividad, eso sí) de leopardo de las nieves. La idea es que los rastros orgánicos que quedan en las huellas se conservan gracias a la temperatura, lo que impide la rápida degradación del ADN: recogiendo las células epidérmicas, los pelos y otros «restos» del paso del animal, es posible reconstruir su genotipo y, por tanto, identificarlo.

Puesta a prueba sobre el terreno, la técnica demostró su eficacia: en concreto, fue posible reconstruir con precisión el ADN del 87% de los osos polares cuyas huellas se examinaron. Con el lince y el leopardo, las cosas fueron un poco peor, pero la contrapartida es el hecho de que el análisis del ADN ambiental permite que la muestra para el análisis sea desproporcionadamente grande, ya que las huellas y los rastros son omnipresentes, y definitivamente más fáciles de estudiar que un animal vivo (y reacio a la captura).

Recomendado:  ¿Para qué sirven las manchas negras en el pecho de los pingüinos africanos? Para reconocerse

El Programa Global Ártico espera ahora que esta técnica se convierta en la norma en la conservación del oso polar, y que su uso se extienda a todos los animales que viven en la nieve.

Scroll al inicio