Asuntos de familia, el lenguaje privado entre madre e hija de chimpancés que nadie más conoce
Beryl y Lindsay, dos chimpancés de Uganda, han inventado su propio gesto para comunicarse. Cuando la pequeña quiere subirse a sus lomos y que la acompañen, la señal (tierna) es una sola.

Una madre chimpancé con su bebé: ¿tienen también un «lenguaje privado»?
Cuson / Shutterstock
Hace tiempo que sabemos que los chimpancés y otros «simios antropomorfos» (gorilas, bonobos, orangutanes…) poseen un rico repertorio de gestos que utilizan para comunicarse entre sí. Sin embargo, la teoría más popular al respecto siempre ha sido que suelen ser características heredadas idénticas a las generaciones anteriores: un medio de comunicación eficaz pero inflexible.
Un nuevo estudio publicado en Cognición Animal documenta un caso que parece demostrar lo contrario: dos chimpancés, madre e hija, han desarrollado su propio «léxico familiar». Sin ninguna referencia evidente a modos de comunicación anteriores, el nuevo lenguaje parece haber sido inventado entre los dos animales de forma totalmente extemporánea, sin ninguna referencia a un patrimonio compartido por toda su especie.
La historia de Lindsay y Beryl. Los dos chimpancés se llaman Beryl y Lindsay, y viven en el bosque de Ngogo, en el Parque Nacional de Kibale, en Uganda. Es el hogar de una populosa comunidad de primates, estudiados de cerca desde los años 90 por un equipo de investigadores del Proyecto Chimpancé de Ngogo:
los monos están ahora tan acostumbrados a la presencia humana que se dejan observar incluso a corta distancia, lo que permite a los científicos observar su comportamiento de cerca.
Así fue como los investigadores se dieron cuenta de que Lindsay, la hija, había inventado un gesto privado que sólo entiende su madre: cuando quiere subirse a su espalda y que la lleven de un lado a otro, se pone la mano sobre el ojo.
La evolución de un gesto. «Ojo», en singular: Beryl, de hecho, sólo tiene uno, aunque no se sabe cómo perdió el otro (llegó a Ngogo ya herida). Lindsay empezó a atormentar su ojo sano a modo de broma alrededor de los tres años y medio;
Sin embargo, al cabo de un año, este gesto evolucionó y, cuando Lindsay tiene cuatro años y medio, su madre sabe que la mano sobre el ojo significa «cógeme y vámonos».
Se trata de un gesto «idiosincrásico», es decir, que sólo utilizan uno o dos individuos, y parece sugerir que el lenguaje gestual, al menos en los chimpancés, es un lenguaje «vivo» y en evolución.





