Microbios marinos crean redes eléctricas para atrapar metano en el fondo del océano

¿Sabías que hay una red microscópica bajo el lecho marino, trabajando silenciosamente como un escudo invisible que evita que enormes cantidades de metano —uno de los gases de efecto invernadero más potentes— lleguen a nuestra atmósfera? Pues sí. Una alianza inesperada y sorprendentemente eléctrica de microbios está protegiendo la Tierra… sin que casi nadie lo note.

Un filtro natural contra el escape de metano

En las profundidades de los océanos, bajo capas de sedimentos donde nunca llega la luz y la presión es aplastante, sucede un fenómeno fascinante. Las burbujas de metano, ese gas que tan mala fama tiene por su poder para calentar el planeta, intentan escapar del subsuelo marino. Pero, antes de alcanzar la superficie y aumentar el efecto invernadero, entran en juego los protagonistas de esta historia: dos tipos de diminutos pero cruciales microorganismos trabajando en equipo.

Uniones microbianas: el secreto de la “electricidad biológica”

¿Quiénes son estos héroes microscópicos? Por un lado, tenemos a las arqueas metanotróficas anaeróbicas (ANME). Por otro, a las bacterias reductoras de sulfato (SRB). Separados, poco pueden hacer contra el metano. Pero juntos… es otro cantar.

Cuando las ANME descomponen el metano, generan electrones que, si no pueden ser liberados, hacen que todo el proceso se detenga. Así que, como en una pequeña red eléctrica, las bacterias SRB se conectan físicamente a las arqueas y aceptan esos electrones, transmitiéndolos hacia el sulfato, su propia fuente de energía. Esta cooperación, explicada por Moh El-Naggar —profesor de la USC—, se traduce en “circuitos eléctricos vivos”, donde proteínas conductoras redox unen a estos microbios en auténticos haces interconectados.

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Por primera vez, medido en laboratorio

Este proceso, que hasta ahora era más una teoría que un hecho comprobado, ha sido finalmente registrado y medido en el laboratorio por un equipo internacional —sumando expertos de USC, Caltech, el Instituto Max Planck y la Universidad de Pekín—. Y no solo con muestras de un lugar: usaron sedimentos de filtraciones de metano tan distantes como el mar Mediterráneo, la cuenca de Guaymas y la costa de California. Resultado: confirmaron el intercambio de electrones gracias a sofisticadas técnicas electroquímicas.

Microbios marinos crean redes eléctricas para atrapar metano en el fondo del océano

Centinelas invisibles al servicio del clima

Para Hang Yu, autor principal del estudio y profesor en la Universidad de Pekín, estas alianzas microbianas actúan como auténticos centinelas naturales. Sin su labor, mucho más metano se liberaría hacia el océano y la atmósfera. Este descubrimiento abre una nueva mirada sobre la influencia —invisible pero decisiva— de los microbios en los grandes sistemas del planeta.

Pero también es una historia de evolución: como señala Yu, al descubrir cómo funcionan estos “circuitos vivos”, entendemos un poco mejor cómo la vida ha aprendido a lidiar, durante miles de millones de años, con entornos extremos y gases letales.

La vida escondida que mueve el planeta

No deja de ser asombroso, y hasta un poco poético, que el destino del clima de la Tierra dependa, en parte, de comunidades microbianas en las zonas más inexploradas de nuestro planeta. “Quizá sorprenda a mucha gente —afirma la investigadora Victoria Orphan, de Caltech— saber que hay microbios que, sin que los veamos, colaboran de formas extraordinariamente sofisticadas y tienen un peso tremendo en los procesos globales”.

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Así que la próxima vez que pienses en el cambio climático y los mecanismos de defensa de nuestro planeta, recuerda que el mejor aliado, a veces, es invisible… y lleva miles de millones de años patrullando el fondo del mar.

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