Los perros saben «hablar»: asocian palabras para expresar conceptos complejos
Colocados frente a una caja de resonancia en la que cada botón corresponde a una palabra, los perros pudieron elegir combinaciones específicas.

Es posible que este perro haya presionado los botones «fuera» y «aparcar». Olga Ovcharenko / Shutterstock
No te preocupes: no vamos a contarte una historia sobrenatural sobre perros que empiezan a hablar. El experimento que vamos a ilustrarles, en el que participaron más de 150 perros y cuyos resultados se publicaron en Informes Científicos se refiere a la capacidad de los perros para asociar diferentes palabras para comunicar un concepto complejo, pero no tiene nada que ver con la vocalización.
De hecho, los animales implicados han aprendido a utilizar una caja de resonancia para transmitir información a los humanos y han demostrado que saben hacerlo con pleno conocimiento de causa y asociando diferentes palabras.
Entrénate para presionar botones. Expliquemos mejor. En primer lugar: una caja de resonancia es un instrumento similar a un teclado en el que cada tecla está asociada no a una nota, sino a un sonido específico. En el caso del experimento realizado por el equipo de Universidad de San Diego estos sonidos eran palabras, que correspondían a una serie de conceptos sencillos y de uso común para los perros, por ejemplo «salgamos», «juguemos», «pipí»…
Los perros, 152 en concreto y que fueron entrenados a lo largo de 21 meses, aprendieron primero a asociar cada botón con el sonido (y concepto) correspondiente. Luego se les «desafió» a combinar estos sonidos en oraciones simples de dos palabras.
¿El futuro de la amistad entre humanos y perros? Durante casi dos años de experimentos, los 152 perros presionaron los botones de la caja de resonancia más de 260.000 veces: esto proporcionó al equipo una enorme cantidad de datos sobre las pulsaciones de un solo botón y sus combinaciones.
Pues bien, estos últimos eran utilizados por los perros con considerable frecuencia, y mediante una serie de métodos estadísticos el equipo pudo comprobar que no se trataba de pulsaciones aleatorias, sino «estudiadas»: por ejemplo, un perro hambriento y sediento pulsaba sucesivamente los botones de «comida» y «agua».
Según el equipo, estos resultados sugieren, entre otras cosas, que el futuro de la comunicación entre perro y dueño podría ser una caja de resonancia doméstica, con la que «hablar» más profundamente con el animal, quien podría explicarle con mayor precisión lo que le gustaría hacer.





