Y en resumen, el dodo no era tan tonto como pensábamos

Por lo tanto, el dodo no era tan tonto como pensábamos

 

Un nuevo estudio cuestiona lo que sabemos sobre el comportamiento del dodo, que se extinguió hace casi 500 años.

Dodo

La estatua de un dodo en Ile aux Aigrettes, Mauricio.
nikonka1 / Shutterstock

Desaparecido en el siglo XVII tras unas décadas de convivencia no demasiado pacífica con los humanos, el dodo siempre ha sido considerado un animal-símbolo de los estragos de nuestra especie: es el primer animal cuya extinción fue causada por nuestras actividades y documentada en tiempo real por los zoólogos de la época. La vulgata dice que fue exterminada porque era un ave lenta y aburrida. Ahora, un nuevo estudio publicado en la Zoological Journal of the Linnean Society cuestiona estos prejuicios y nos invita a repensar el dodo a partir de las (escasas) pruebas científicas de que disponemos.

Realidad y fantasía. El problema de la extinción del dodo es que todo lo que sabemos se basa en las crónicas de la época, que según los autores del estudio, un equipo de la Universidad de Southampton, eran una mezcla de realidad y ficción a menudo difícil de desentrañar. Por ejemplo, sabemos que en Mauricio, donde vivía el dodo, había varias especies de esta ave; pero no sabemos cuáles eran «reales» y cuáles fruto de descripciones fantasiosas basadas (también) en comparaciones con bestias mitológicas.

Por ello, el equipo británico recuperó toda la documentación disponible y realizó un ejercicio de clasificación, separando mito y verdad, y descubrió que, efectivamente, algunas especies (entre ellas el dodo nazareno) habían sido inventadas por los exploradores holandeses. Otras, sin embargo, como la solitaria (Pezophaps solitaria), eran reales y vivían en Mauricio junto con el dodo real (Raphus cucullatus).

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¿Lento? Al contrario… El estudio también identifica cuál es el tipo biológico del dodo, es decir, el espécimen «base» que se utiliza como referencia y comparación para la identificación. El tipo del dodo, y el del solitario, permitieron al equipo situar a estas aves en la misma familia que incluye a palomas y tórtolas.

El detalle más interesante, sin embargo, procede de los estudios anatómicos: el dodo, dice el estudio, tenía unos tendones muy potentes, similares a los de las aves corredoras actuales. Por tanto, no era el pájaro lento y estúpido del que nos hablan las crónicas de la época: al contrario, estaba perfectamente adaptado a su entorno, y podía correr a velocidades notables. El hecho de que esto no lo salvara de la extinción significa, si acaso, que los exploradores holandeses de la época eran especialmente eficaces cazándolo, no que el animal en sí fuera una víctima fácil.

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