Una especie de herrerillo ha cambiado su canto para distinguirse de las demás
Para evitar confusiones con una especie similar, el carbonero de las Montañas Rocosas ha modificado su canto, creando uno más largo y complejo.

Un carbonero de las Montañas Rocosas (Poecila gambeli). Larsek/Shutterstock
La familia Paridae incluye todas aquellas aves a las que comúnmente nos referimos como «tetas»; en particular, las especies que viven en América del Norte se llaman «chickadee» en inglés, término que no tiene equivalente italiano pero que los distingue de los herrerillos del resto del mundo.
Se trata de aves de apariencia similar, y que en determinados lugares comparten el mismo rango entre diferentes especies: es el caso de los herrerillos de las Montañas Rocosas (Poecile gambeli), que viven en altitudes elevadas pero cuyo hábitat se superpone en parte con el de los herrerillos negros (Poecile atricapillus). Un nuevo estudio publicado en Revista de biología evolutiva demuestra que, para evitar confusiones, los carboneros de las Montañas Rocosas han aprendido nuevas canciones que les permiten distinguir a sus congéneres de las currucas currucas.
¿Cómo nos destacamos? En lugares donde sus hábitats se superponen (por ejemplo, las montañas de Boulder, Colorado, donde se realizó el estudio), los carboneros negros dominan a los de las Montañas Rocosas: los ahuyentan si se acercan demasiado a sus nidos y siempre llegan primero a la comida; los rivales deben esperar hasta que terminen de alimentarse.
Esta «disposición» algo desequilibrada ha suscitado una duda entre los investigadores de la Universidad de Boulder: ¿es posible que, como ocurre por ejemplo con los pinzones de Galápagos estudiados por Darwin, los herrerillos hayan desarrollado nuevos caracteres para distinguirse de los ejemplares de las especies rivales?
El canto como tarjeta de identidad. Un análisis de los cantos de las dos especies de carboneros reveló que la respuesta es sí: los carboneros de las Montañas Rocosas han desarrollado un canto diferente, más largo y complejo que, por ejemplo, el de sus congéneres que viven en California, y que se utilizaron como comparación.
De esta forma, estas aves son capaces de distinguirse entre sí e identificar a qué especie pertenece el ejemplar que canta: esto les permite no desperdiciar energía en otra especie y no confundirse (superficialmente, las dos aves son muy similares). La diferencia de canto evita también la situación embarazosa en la que se aparean dos herrerillos de diferentes especies: pueden dar a luz, pero su descendencia es estéril, por lo que traerlos al mundo es, por tanto, un esfuerzo inútil.





