¿Puede un océano refrescarse y, aun así, el mundo seguir calentándose? Septiembre llega con la incógnita: La Niña podría estar de vuelta, y aunque traiga su clásico soplo fresco al Pacífico, todo indica que el termómetro global no dará tregua. El clima juega a los extremos –y nosotros somos sus testigos.
El regreso de La Niña: ¿enfriamiento pasajero o una nueva normalidad?
Entre rumores de brisas frescas y lluvias inesperadas, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) alerta: el fenómeno de La Niña podría resurgir entre septiembre y noviembre. ¿La Niña? Sí, ese misterioso patrón climático que enfría temporalmente la superficie del Pacífico ecuatorial y altera los ritmos de vientos, lluvias y hasta las estaciones en media Tierra.
Pero ojo, porque las herramientas de predicción más avanzadas nos advierten: aunque La Niña esté al acecho, las temperaturas medias –prácticamente en todo el hemisferio norte y buena parte del sur– seguirán situándose por encima de lo normal. Paradójico. Incluso con mares algo más fríos, las tendencias del clima dictan calor y extremos.

¿Qué es La Niña y por qué importa tanto?
Para quienes no la tengan muy presente: La Niña es el reverso del famoso El Niño. Mientras este último calienta las aguas del Pacífico y trae consigo sequías devastadoras, lluvias torrenciales –todo a lo grande–, La Niña representa su contrapeso. Sus aguas más frías producen, en teoría, el efecto contrario, afectando cultivos, cosechas, lluvias y patrones de viento desde Australia hasta Sudamérica.
Eso sí, nada ocurre en el vacío. Ya no. Los ciclos de La Niña y El Niño se desarrollan en un mundo marcado a fuego lento por el calentamiento global. Y ahí está el truco: el clima ya no responde solo a sus propios ciclos, sino al estrés añadido por la actividad humana. Cada año más caluroso es el nuevo récord y los extremos ya no son excepción.

Un baile de probabilidades: ¿La Niña o seguirá el clima neutro?
Desde marzo de 2025, la calma: ni El Niño ni La Niña, solo condiciones neutras que han dejado el Pacífico más o menos en equilibrio. Pero eso puede cambiar este mismo septiembre. Según los Centros Mundiales de Producción de Predicciones Estacionales de la OMM, hay aproximadamente un 55% de probabilidades de que volvamos a ver una “La Niña” en el Pacífico hasta noviembre, y ese margen sube a un 60% para los meses de octubre y diciembre. ¿Neutro? Todavía queda un 45% de opciones de que el océano siga tranquilo una temporada más.
Una cosa está clara: El Niño no parece querer aparecer en el horizonte hasta finales de año, si es que aparece.

¿Por qué nos importa? Detrás del pronóstico, millones en juego
Las predicciones de la OMM no son simple meteorología. Como recordaba Celeste Saulo, Secretaria General de esta entidad, estos pronósticos son oro para la agricultura, la gestión energética, la salud pública o el transporte. Salvan vidas, salvan cosechas, y ahorran millones de euros cada año. Detectar a tiempo estos fenómenos permite a países (y a personas) prepararse ante lluvias, sequías y olas de calor.
En tiempos de incertidumbre y calor crónico, el regreso de La Niña no es el regreso al pasado. Es otro punto en la montaña rusa del clima global. Un nuevo reto también para quienes cultivan la tierra, cuidan los ríos o simplemente intentan prever si lloverá o hará 40 grados bajo la sombra.
¿Calor sin fin? La Niña ya no basta
En definitiva, aunque La Niña insista en refrescar ligeramente los océanos, el equilibrio se ha roto: los gases de efecto invernadero siguen presionando el acelerador del clima global. ¿El resultado? Cada ciclo “frío” es menos frío. Cada ola de calor, más dura. Nos queda mirar al cielo, escuchar a la ciencia y prepararnos… porque ni los fenómenos más poderosos pueden ya frenar el cambio del termómetro planetario.
Las apuestas están hechas. El clima, como nunca, en la cuerda floja.





